Valbuena
Solo necesitaba un nombre nuevo para salir del país. Sabía que hubiera sido mucho más fácil pagar por papeles falsos, quizá de algún desaparecido o muerto por la violencia, pero había algo en su interior que le pedía tener una nueva identidad limpia, con todas las de la ley. Llegó a la notaría con un poco de miedo, y ¿si su nombre actual ya había sido manchado con su pasado y reportado por la policía? Era un riesgo que quería correr. La adrenalina que en otros momentos lo había hecho correr a medianoche por calles vacías, hoy se despertaba de la manera más absurda: llevando a cabo un trámite como un ciudadano común. Mientras esperaba su turno sentía el sudor caer por su espalda y comenzó a sospechar de todo el mundo, la señora con la niña jugando a su alrededor le pareció tanto o más sospechosa que el conductor que acababa de llegar con un poder en la mano. Un delirio de persecución lo atacó casi hasta convertirse en un ataque de pánico. Se bajó la gorra sobre la cabez...
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