El silencio como acto de violencia
Hace poco Camilo me hizo reflexionar sobre cómo el silencio se puede transformar en un acto de violencia.
Un amigo tuvo una novia durante muchos años, cuando ella se molestaba con él dejaba de hablarle. Vivían juntos y ella podía durar días sin dirigirle una sola palabra, a pesar de que él le hablara normal o le preguntara cosas. En una ocasión, el silencio fue tan prolongado y fuerte que no le dio una razón de su papá que había llamado, no le contó que su tío estaba en la clínica, porque ella supuso que su suegro también lo había llamado a él a contarle. En su afán de hacer daño con la ley del hielo, puso su furia por encima de la razón.
Hace unas semanas le hice un chiste a un compañero de trabajo, no se si fui muy pasada, si mi comentario le llegó de una manera equivocada porque está pasando por algo en su vida personal o en su interior de lo que no tengo ni idea, pero mi amigo me dejó de hablar. Lo saludo y no me saluda, le hablo y no me contesta. Le pedí disculpas y no respondió nada.
Entendí con sus actos cómo el silencio es un acto de violencia, porque a pesar de que intento convencerme de que simplemente así es como él gerencia sus emociones, de que uno no tiene control sobre el otro y de que no me debe importar, no puedo dejar de sentirme violentada.
Prefiero mil veces que alguien explote conmigo, que se moleste y me hable a que me trate con la ley del hielo.

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