Valbuena

Solo necesitaba un nombre nuevo para salir del país. Sabía que hubiera sido mucho más fácil pagar por papeles falsos, quizá de algún desaparecido o muerto por la violencia, pero había algo en su interior que le pedía tener una nueva identidad limpia, con todas las de la ley. 

Llegó a la notaría con un poco de miedo, y ¿si su nombre actual ya había sido manchado con su pasado y reportado por la policía? Era un riesgo que quería correr. La adrenalina que en otros momentos lo había hecho correr a medianoche por calles vacías, hoy se despertaba de la manera más absurda: llevando a cabo un trámite como un ciudadano común. 

Mientras esperaba su turno sentía el sudor caer por su espalda y comenzó a sospechar de todo el mundo, la señora con la niña jugando a su alrededor le pareció tanto o más sospechosa que el conductor que acababa de llegar con un poder en la mano. 

Un delirio de persecución lo atacó casi hasta convertirse en un ataque de pánico. Se bajó la gorra sobre la cabeza, respiró seis veces profundo y abrazó un maletín en el que llevaba todos los papeles para el cambio de nombre y un recuerdo de lo que había hecho. Pensó en rezar, pero realmente no se sabía ninguna oración. Así que repitió su nuevo nombre como un mantra para calmarse: Carlos Valbuena, Carlos Valbuena, Carlos Valbuena. 

Con un pitido salió su turno en la pantalla. Se acercó con los nervios a flor de piel, corría el riesgo de aparecer con una orden de captura una vez comenzara su trámite, pero milagrosamente no fue así. 

Abrió el maletín en donde se encontraban los papeles para el trámite, entre ellos había un recorte de periódico viejo, que ocultó rápidamente. 

- ¿Cómo quiere llamarse ahora? – le preguntó un funcionario con cara de aburrimiento. 
- Carlos Valbuena – respondió en voz alta y clara. 
- Sabe que este cambio implicará que renueve su identidad y solo podrá hacerlo una vez en la vida, ¿desea hacerlo?
- Sí, estoy seguro. 
- En ese caso procedamos con la escritura pública, después deberá ir a la Registraduría. Bienvenido a la vida señor Carlos Valbuena. 

Salió de la notaría y se sentó en un parque cerca. Sacó por última vez el recorte de periódico y leyó un fragmento antes de botarlo en una caneca cerca: 

“El triturador escapa nuevamente. Su víctima más reciente es una mujer llamada Carmen Valbuena…”  

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